viernes, 21 de marzo de 2014

Crónica de Bello Monte


19 de marzo, Bello Monte.

A las 10 de la mañana nos encontramos en Ciudad Universitaria. Escribimos consignas en unas hojas, decidimos la ruta y partimos hacia Bello Monte. Nos dirigíamos hacia una de las manifestaciones convocadas por el Movimiento Estudiantil para reclamar los continuos ataques a la universidad o, al menos, esa era la idea que teníamos.

No dimos muchos pasos cuando, nada más pasar la parroquia universitaria, nos encontramos con una masa informe de la Guardia Nacional Bolivariana, la famosa GNB, que esperaba presta las ordenes de arriba. Algunos aguantamos la respiración. Más tarde, entre risas nerviosas, alguien me decía: “mira, yo sí me asusté, lo único que pensé fue ¿qué tengo en el bolso?, ¿qué tengo en bolso?”, aunque no teníamos nada, por supuesto. Nada más que botellas de plástico de agua, cartucheras, camisas de repuesto.

Aún así, el nerviosismo nos acompañó mientras recorrimos uno a uno los piquetes de la GNB. Las arremetidas violentas, las noticias sangrientas, estaban demasiado frescas en nuestras cabezas. Con todo, con lo amenazante que lucían los guardias, no pude evitar sonreír y relajarme un poco al ver a una loca que les gritaba en la cara. Por favor, la protesta no es contra ellos. Ellos no son nada más que medios. Los que ejercen la verdadera violencia, los que dan las órdenes, son otros. Esos panas que llevaban sol parejo bajo los uniformes no eran mucho mayores que yo. Se les notaba en las caras jóvenes y acaloradas. Finalmente, alguien arrastró a la que gritaba, otro estudiante, y todos juntos llegamos a Ciudad Banesco, donde un puñado de gente con gorras tricolores, camarógrafos y civiles en general esperaban esparcidos por la cuadra. Nos quedamos en pleno sol junto a ellos. Charlamos y buscamos caras conocidas en la multitud.

-Mira, allá está el gordo Requesens y por allá Hilda-, señaló alguien.

Pasaba el rato mientras reconocíamos a los líderes del movimiento. Más guardias llegaban. Una parte del movimiento quería pasar porquesi por la calle de los hoteles, pero ya los piquetes, escudos incluidos, se hallaban allí. Más minutos. Más horas. Se hizo el medio día. Frustración. Quejas ¿Por qué los dirigentes apenas si hacen mención a los ataques a la Facultad de Arquitectura?
 
-Ellos andan es con su politiquería- Dijo alguien de pronto
-Bueno, entonces nosotros andamos en una marcha y ellos en otra- Respondió alguien más.

Cierto. Hace un año que me había dejado de marchas y solo decidí arriesgarme esta vez porque lo sucedido en arquitectura me parecía que rayaba en lo ridículo. Pensé que vería cientos de pancartas alusivas al tema, pero no. Solo había telas blancas con los nombres de las facultades, como si se tratara de un desfile. Los líderes hablaban de libertad, de democracia y de cualquier paja menos de lo que tenían que hablar: De inseguridad, de violencia.

Ellos estaban metidos en sus temas. Que el alcalde, que esto, que lo otro. Coño, pana, somos el movimiento estudiantil ¿o no? ¡Habla del ataque a nuestra universidad! ¡Empieza por ahí! ¿No es evidente? ¿No estamos aquí por eso? Parecía que no. Aún así, me quedé. De todas formas, ¿por dónde iba a salir? Estábamos rodeados de guardias.

A las 12:30 salieron las capuchas. Unos cuantos gritos aislados de “no a la capucha” se oyeron en algún que otro rincón de la multitud. En honor a la verdad, fue todo un espectáculo ver a los radicales ponerse prestos. La capucha, los guantes, el grupito, las miradas. Al parecer, la marcha tenía que pasar sí o sí por la calle de los hoteles. Más discusiones. Volvieron a desaparecer los encapuchados. Ahora resulta que nos íbamos por la avenida principal de Bello Monte, hasta la universidad. Muchas negativas. Mucha confusión. Si la crónica suena desordenada, es porque el momento también lo era. Pasó tanto tiempo, que nos sentamos bajo una sombra, discutimos si ir o no a comernos unas arepas en un restaurant cercano, reconocimos más caras y aún el movimiento no se decidía.

De pronto, sin previo aviso, la marcha empezó.  Como si todos hubiésemos esperado esa señal invisible, nos paramos, nos ubicamos rápidamente frente a Ciudad Banesco, se levantaron las pancartas y las consignas. Los estudiantes seguían de buen ánimo. Las banderas de la Facultad de Medicina, Razzeti y Vargas, se peleaban por estar una más arriba de la otra entre risas, a la vez que se pasaban de mano en mano tapa bocas de algodón y los paramédicos intercambiaban palabras. Avanzamos unos pasos.

-         -  "¡No somos Capriles, no somos Maduro, somos estudiantes que queremos un futuro!”-.

Lástima que solo oí una vez esa consigna que, contra todo pronóstico, por fin parecía ir al punto. Nadie hizo eco de los ridículos cánticos clasistas que a veces se oyen en las marchas. Los chamos sonreían. Las doñas se mezclaban en la multitud. A lo lejos, muy bajo, sonó el himno nacional. Y de pronto, la primera detonación.  

Lo único que alcancé a ver fue a los policías corriendo hacia la línea de sus piquetes a la vez que lanzaban algo hacia atrás. Luego, el humo. La bomba sonó casi -casi-  tan inofensiva que muchos nos quedamos parados desconcertados. “¡Se están empujando!”, gritó alguien. Segunda detonación. “¡NO CORRAN! QUE NO CORRAN”, exclamaban algunas voces preocupadas, pero ya era muy tarde.

Grupos grandes se desprendieron de la multitud y empezaron a retroceder. En medio de la confusión, algunos de mis compañeros sacaron Maalox y vinagre. “¡Agáchense, espérense!”. Aún más confusión. Ya ni siquiera sabía que era lo que pasaba adelante. Unos segundos de calma mientras el humo hacia efecto y todos se mantenían contra el piso. Cuando las bombas lacrimógenas empezaron a hacer lo suyo, se desató el pánico. Más que retroceder, los estudiantes gritaban asustados  y corrían hacia la Plaza de Bello Monte. Un grupo con una muchacha asfixiada en brazos pasó corriendo mientras llamaban a los médicos con desesperación. Más detonaciones. Más gente que corría a refugiarse. El pánico también me invadió. ¿Hacia dónde íbamos a ir? Estábamos rodeados. Había GNBs por todas partes.

Nos sentamos a descansar cerca de la plaza, pero cada tantos minutos teníamos que pararnos y “ceder terreno”. La gente retrocedía ante cada nueva detonación. Cuando ya estábamos arrinconados en la plaza de Bello Monte, debo decir que me alegró ver a los radicales. Empezaron a mover objetos de aquí a allá para defenderse ¿Y por qué no? Nosotros no teníamos a donde huir, mientras el dañino humo de las bombas se hacía más fuerte.  Algunos estudiantes mantuvieron la calma y lograron dar indicaciones para que el resto escapara hacia la morgue. Más eran los que corrían hacia cualquier lado con tal de alejarse del humo de las bombas y de los policías.

Yo no esperé a ver más nada. Bello Monte era una confusión de humo, gente que corría, caras asustadas, encapuchados que se defendían, policías que avanzaban. Me fui. Junto a otros pequeños grupos, rodeamos el McDonald’s, atravesamos la linea en donde se intercambiaban insultos y bombas y subimos por la colina. Ya lejos, en los Chaguaramos, cada moto, cada uniforme verde, era una amenaza.

Si pensara en mi reflexión de la marcha – o concentración- durante las largas horas de espera bajo el sol recordaría la frustración y las quejas contra una dirigencia estudiantil que no suma. Estos tipos de verdad andan metidos en sus temas partidistas. Querían causar impresión con sus discursos y se fueron por las ramas hablando de alcaldes. Solo con nombrar los sucesos contra la Facultad de Arquitectura y las constantes irregularidades violentas en la UCV, tenían más que suficiente.

Pero, luego del ataque con las bombas, no sabría que pensar, por el momento.

jueves, 13 de marzo de 2014

El proyecto que nunca fue

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De Plaza de Toros a Núcleo Endógeno
Han pasado 95 años desde la creación del edificio taurino. Desde entonces, a la fiesta brava le han precedido disputas legales y decadencia. Mientras tanto, el resto de la capital ha crecido y dejado a un lado a ese coloso de los años 20.

Por: Génesis Méndez Alzolar // Fotos: Idem
   Amplias aceras, brillantes colores y desolación son las características que resaltan a primera vista al llegar hoy a uno de los edificios icónicos del siglo XX de Caracas. Allí, por 95 años, se han entretejido las historias de toreadores, políticos, familias ricas y, más recientemente, de artistas del trapecio. 

   Al frente se halla el Museo de la Arquitectura, atrás están las obras del Metro de Caracas y a un lado se erige una gigantesca edificación recientemente construida por la Misión Vivienda. Esos, son algunos de los perímetros, o más bien los cercos, de la Plaza de Toros del Nuevo Circo, un singular lugar de la capital que cada año es tragado por el avance de una ciudad que no parece planificada, no mira vistosas fachadas históricas, ni detiene el paso por un punto de memoria colectiva. 

   Hace 6 años, se esperaba que el lugar recobrara la antigua gloria y que fuese un importante centro cultural para la capital. Hoy, basta contrastar la renovada fachada, con las ruinas posteriores, para comprender que los proyectos que allí se gestaban, nunca fueron concluidos. En cambio, la ciudad continúo su implacable marcha.

CIMG2550El coso taurino tiene capacidad para 9.000 personas sentadas

Años dorados
   En otros tiempos, a principios del siglo pasado, el Nuevo Circo causaba tanto revuelo como el Poliedro de Caracas hoy día. Los grandes eventos estaban a la orden del día. “Fue el primer circo de Caracas, el primer sitio de espectáculos”, cuenta Luis Marcano Radaelli, arquitecto encargado de restaurar el edificio en el 2006.
   “Durante el periodo gomecista se propuso la construcción de este Nuevo Circo pues el gobierno era muy afecto a la fiesta taurina. El proyecto se le dio a Alejandro Chataing y a Luis Muñoz Tébar, arquitectos importantes de la época. Su imagen arquitectónica lo vincula a otras plazas de toros en el mundo. Tiene que ver con unos detalles moriscos, muy a lo español”, reseña Marcano.
   Así, desde aquel momento en 1919, la Plaza de Toros, a pesar de estar en las afueras de la capital, se llena de muchísima gente, en coloridos eventos, que congregan a la clase media y alta de Caracas. Marcano recuerda pistas de hielos, mítines políticos, tardes de boxeo, conciertos de rock, entre otros, que, junto a la fiesta taurina, se daban cita en el coso taurino.
   “Eso era muy bonito por allí. Uno veía también a muchos europeos, que eran los dueños de los locales de la cuadra”, relata Luis Alzolar, quien trabajaba en la farmacia Nuevo Circo, aledaña a la Plaza de Toros. Todos esos negocios, incluido su local, fueron demolidos por las ampliaciones del Metro de Caracas.

Decadencia
   Para finales del siglo, Caracas seguía en constante crecimiento. En 1974, se había inaugurado en La Rinconada, el Poliedro de Caracas, con un aforo de 13.500 personas, que superaban por unos cuantos miles al Nuevo Circo. Las corridas de toros, por su parte, ya no eran un negocio rentable, como descubrió la familia propietaria Branger en 1997, en la fecha del último coleo.
   Sin que nadie lo notara, la fiesta del Nuevo Circo se silenció dentro del barullo de la capital. El abandono se hizo constante y personas marginadas de la sociedad voltearon la cara hacia el coso taurino.
Detrás del edificio principal, los escombros son los protagonistas
   Con los años, la ciudad trató de recuperar en varias ocasiones la Plaza de Toros sin éxito. En 1984, la Junta Nacional Protectora y Conservadora del Patrimonio Histórico y Artístico de la Nación declara Monumento Histórico Nacional al edificio y en 1987, el Municipio Libertador emite ordenanza que promovía su conservación. Ambas medidas fueron apeladas y anuladas por la familia Branger, propietaria desde 1940.
   Finalmente, ante el temor de que fuese demolida la Plaza de Toros y convertida en centro comercial, el 30 de noviembre de 1998 es declarada Bien de Interés Cultural por el Instituto del Patrimonio Cultural (IPC) en la Gaceta Oficial Nº 36.592 y aunque nuevamente la familia Branger trata de revocar la decisión, el jurado declara nula su apelación. Es entonces cuando el Municipio Libertador, bajo la tutela de Antonio Ledezma, intenta comprar el Nuevo Circo. Sin embargo, el precio de 8 mil millones de bolívares, hace que las negociaciones duren años.

Restauraciones

PHOT00181En la fachada se yerge esta única estatua, casi diminuta, contra la ciudad
   En el 2005, la Alcaldía Metropolitana, a cargo de Juan Barreto, se encarga de expropiar la edificación y más tarde de proceder con la renovación. De acuerdo con información reseñada por el diario El Universal el 8 de marzo del 2006, se aprobaron 30 millardos de bolívares para la ejecución del Proyecto de Restauración y Vitalización del Nuevo Circo.
   Había dos grandes áreas de proyecto, explica Marcano, uno de ellos consistía en la restauración rigurosa del antiguo edificio, bajo su dirección, mientras el otro se trataba de un levantamiento de los edificios posteriores, a cargo del arquitecto Alessandro Famiglietti.
   En aquellos meses del 2006, se le prometió el lugar a un grupo de artistas cirquenses, que se llamaría Núcleo Endógeno Cultural Nuevo Circo. Ya todos los proyectos habían sido aprobados por la Alcaldía y Marcano esperaba, más allá de limitarse a la renovación de la edificación, aportar numerosos beneficios para el centro de la ciudad, como un estacionamiento subterráneo y una cuadra cultural con vida nocturna para toda la capital.
   A pesar de todo, los nuevos edificios que debía levantar Alessandro Famiglietti nunca fueron construidos. Según Marcano, llegaron las elecciones, en 2008, y se “cortaron contratos”.
El 23 de noviembre del 2008, dos años después de que iniciaran los trabajos de restauración, la Alcaldía Metropolitana, que hasta ese momento presidia Juan Barreto, fue ganada en elecciones regionales por Antonio Ledezma.
   Al día siguiente, al llegar el nuevo alcalde metropolitano a sus oficinas, se encontró con que el saliente gabinete había transferido, sin previo aviso, la jurisdicción de la Plaza de Toros a la Alcaldía de Libertador, a cargo de Jorge Rodríguez.
   Una vez más, el Nuevo Circo se vería envuelto en una marejada de litigios legales y conflictos de poder. Durante meses, los alcaldes Metropolitano y de Libertador se disputarían el edificio taurino, al punto de que el difunto presidente de la republica, Hugo Chávez Frías, exclamara en la alocución Nº 326 del Aló Presidente que mandaría a Casa Militar para tomarlo y adscribirlo a Miraflores

La toma cultural
   Mientras los alcaldes decidían a quien le pertenecía el Nuevo Circo, en el interior de la antigua y en otros tiempos desolada Plaza de Toros, un grupo de colectivos y de jóvenes artistas, en su mayoría cirquenses, hacía lo que ellos llamaron la “toma cultural” de fines de noviembre del 2008.
   Así, acompañados de ideas como el rechazo al maltrato animal y las ansias de querer hacer arte, se quedaron allí “hasta que apareciera alguien”, según relata Jericó Montilla, miembro de la Fundación Nuevo Nuevo Circo que se crea en aquel mismo momento.
   “En vista de que no había una institución que prestara sus espacios, nosotros decidimos quedarnos acá. Nos reconocimos como sujetos que no teníamos espacio para crear, para formar y para desarrollar la cultura. Entonces, como había aquí muchos artistas cuando terminó el Festival de Circo, decidimos conformar algo”, expresa Montilla.
   Así durante algunos años la vida regresó al Nuevo Circo. Jesús Piña, quien se unió posteriormente con el colectivo Circo K-45 explica que se dedicaron a dar clases gratis de circo, tela, trapecio, tiras; además de ofrecer funciones de bajo precio para todas aquellas personas que no podían pagar costosas entradas a otros espectáculos.
   A pesar de todo, a mediados del 2011, algunas irregularidades hicieron que la mitad de la Compañía Nacional de Circo (CNC) abandonara el lugar. Piña indica que aquel proyecto pro arte y cultura del 2009 se había distorsionado. Para él, los encargados del Nuevo Circo tenían "intereses propios”.
Por su parte, Rosa Elena Romero Montero, vecina de San Agustin, cuenta que los prejuicios de los habitantes de la parroquia nunca se fueron del todo. Llevaron a sus niños a los eventos, pero “ese olor a marihuana”, pronto hizo que desistieran.
   Pasan los años y el edificio taurino se mantiene en el olvido para el resto de la ciudad. Las historias acerca de la gloria de Caracas se han entretejido con papeleos, pugnas políticas y verdades que aún se mantienen detrás de los muros de la Plaza de Toros.
   Recientemente, el Gobierno del Distrito Capital adquirió la jurisdicción del lugar, quienes, de acuerdo a Marineli Castro, coordinadora de la Gestión Cultural de ciudadanía e identidad caraqueña, esperan continuar con los proyectos de restauración "pronto".


 
 Antes y después
(con fotos de Prodavinci)
Hace 20 años
Hoy


martes, 11 de marzo de 2014

¡Acción!

Ya era la hora. Dan caminaba lentamente hacia el centro del escenario. Un silencio se cernía sobre el gigantesco teatro a oscuras mientras bajo unos focos de luz tenue, el rostro del joven lucía misterioso y atrayente. Los ojos, usualmente marrones, parecían amarillos cuando los alzó hacia la luz para recitar sus diálogos y, entonces, el anfiteatro se llenó de una voz segura, clara, colorida, llena de matices. El público seguía hipnotizado cada uno de los movimientos del actor. Era como un pez en el agua. Dominaba el escenario de esquina a esquina. Gritaba, susurraba, reía y tenía a toda la asistencia en sus manos. Bien pronto – para la concurrencia- terminó su monólogo y se vio detrás de bastidores rodeado de una multitud de compañeros que lo elogiaban. Al fondo aún se escuchaba el eco de los aplausos. Sin embargo, ya no era aquel sorprendente actor. Solo era Dan, un chico de 19 años que respondía con tímidos y distraídos agradecimientos, evidentemente incómodo y fuera de lugar. Sobre el escenario era otro, se transformaba, pero al bajar de él volvía a ser el mismo de siempre. Como quien se quita un sombrero y lo deja a un lado, hasta la próxima ocasión.

La "renovación" del conservatorio musical Lamas

Diciembre 2013
Foto: Germán Adolfo

La comunidad estudiantil se trasladará a la Biblioteca Nacional en los próximos cuatro meses tras lo cual iniciará la restauración de la casa colonial. Al volver, los lamistas compartirán su sede con la Banda Marcial de Caracas.

 

Por: Génesis Méndez Alzolar
Fotografías: Germán Adolfo/La bitácora absurda

   Al final de la Avenida Urdaneta, muy cerca del corazón de Caracas, reposa una de las casas más importantes de la capital. Su fachada de amplias ventanas y altas puertas de madera recuerdan a una época colonial que ya no existe. Detrás de ese antiguo frente bulle una intensa e insospechada vida musical, en la que alrededor de 1.000 estudiantes desde los ocho, hasta pasados los 30 años, estudian armonía, teoría y solfeo, contrapunto y dirección orquestal, entre escombros, paredes desconchadas, termitas y goteras.
   El lugar se llama Escuela Superior de Música “José Ángel Lamas” y desde hace 20 años se encuentra en un progresivo deterioro físico. En el 2012 la jefa de gobierno Jacqueline Farías anunció la restauración de dicha institución por parte de la Alcaldía de Distrito Capital. Sin embargo, no es la primera vez que se realizan proyectos para recuperar la casa colonial. La duda se ha instalado en la mente de los músicos y diversos rumores han empezado a correr por los desvencijados pasillos ¿Por qué ahora? Y ¿Qué pasará con la escuela? son algunas de las preguntas que predominan sobre profesores, estudiantes, personal administrativo y obrero.

 

Las restauraciones

1000 estudiantes hacen vida en la casa colonial
   La casa colonial, ubicada entre Veroes y Santa Capilla, fue declarada Monumento   Histórico Nacional en 1976 y ha sido hogar de “la lamas”, como los estudiantes  llaman  con cariño a su escuela, por 144 años. No obstante, el tiempo se ha encargado de  deteriorar críticamente la estructura del lugar y durante años los directivos han enviado  cartas a todas las entidades del país para hallar solución al conflicto, relata Floria  Paredes, actual directora de la institución.
   En los años 90, la Federación de Edificaciones Educativas (FEDE) inicio una  restauración a la edificación. Sin embargo, se encontró que se trataba de un proyecto  costoso que, dada la antigüedad de la casa, necesitaba de estudios pertinentes acerca  del terreno y de la construcción.
   De esta manera, ese primer intento pasó pronto al olvido. No fue hasta el 2005 cuando  nuevamente FEDE elaboró otro proyecto y hasta el 2009 cuando el Instituto del  Patrimonio Cultural lo aprobó. A pesar de todo, aún faltaban los recursos.
   Finalmente, el 9 de abril de 2012, según la Gaceta Oficial Nº146, el Vicepresidente  Ejecutivo aprueba la transferencia de la lamas, del Ministerio de Educación, ente al cual  estaba adscrito, al Gobierno del Distrito Capital. Al respecto, la comunidad de la institución musical no fue informada formalmente hasta el 3 de julio del mismo año, fecha en la que Jacqueline Farías se reunió en la Escuela Superior de Música José Ángel Lamas para hablar acerca de la futura remodelación. Para ese entonces, la asamblea ya había aprobado el presupuesto necesario.
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Las letras pequeñas

   En la Gaceta Oficial Nº 146 se informa que la casa colonial que abriga a la Escuela Superior de Música José Ángel Lamas desde hace 144 años, también pasará a ser hogar de la Banda Marcial de Caracas, Patrimonio Artístico de la Nación, en tanto “resulta indispensable solventar la actual carencia de sede idónea para su funcionamiento”, según reza el documento.
   Nataly Bonnet, presidenta de la Banda Marcial de Caracas, indica que la idea es generar un sistema, a través del cual “de alguna manera” la José Ángel Lamas alimente de músicos a La Banda y que a su vez ésta sea una promesa de profesionalismo para los músicos de la escuela. Se trata de dos instituciones que crecieron en Caracas “más o menos en el mismo tiempo”, señala Bonnet.
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Proyecto en marcha

   De acuerdo con información suministrada por la directora de la   Escuela Superior de Música José Ángel Lamas, este año se  tiene previsto trasladar primero el archivo musical de la escuela al  Archivo  General de la Nación, en donde serán custodiado.  Seguidamente, se  iniciará la mudanza de la comunidad estudiantil  al sótano 2 de la  Biblioteca Nacional, en un espacio que se  acondiciona desde el  pasado 22 de octubre y finalmente  arrancará  el proceso de restauración que durará alrededor de  dos  años.
   Al respecto, la presidenta de la Banda Marcial de  Caracas y encargada de llevar el caso de la lamas, explica que tras la recuperación de la casa habrá posibilidades de visitarla como curiosidad turística, tendrá espacios  recuperados  arqueológicamente y además contará nuevamente con espacios  y salones adecuados para la música. De esta manera, asegura, los estudiantes se van a sentir más seguros, e incluso van a poder utilizar el auditorio “que ahorita prácticamente no tiene techo”.
   Agrega que también buscan titular a los músicos a través del Ministerio de Educación Superior, puesto que por ahora dicha tarea se reserva a la Universidad de la Artes (UNEARTE).
   “Estamos tratando de buscar un convenio que mejore la malla curricular y que de alguna manera UNEARTE reconozca a los lamistas que egresan de la escuela como licenciados”, señala.
   Por otra parte, Bonnet explica que los profesores no gozan de un reconocimiento por parte del Ministerio de Educación como docentes graduados. Para que eso sea así, primero tienen que pasar por el pedagógico. En la Alcaldía del Distrito Capital, al igual que se hace con la Banda Marcial de Caracas, se les reconocerá en el tabulador como profesionales. Esto los homologará de una manera más justa, con unos salarios que compensan mejor su trabajo y con lo cual se tedrán profesores más dedicados, señala la presidenta de la banda.
   En cuanto al personal administrativo y obrero, Bonnet asegura que no serán traspasados al Gobierno del Distrito Capital debido a que los beneficios que reciben por el Ministerio de Educación son mucho más factibles que los que se les ofrecería en la Alcaldía.
   “El proceso sí ha sido lento, por muchas razones. Sobre todo porque se viene a resolver 144 años de desidia en los que cayó esa institución y lo estamos resolviendo todo al mismo tiempo”, puntualiza Bonnet.

 

Incertidumbre

   En junio del año pasado, a través de una nota publicada en la página del Centro de Estudiantes de la Escuela Superior de Música José Ángel Lamas, la comunidad estudiantil expresaba su preocupación ante la falta de información que poseían con respecto al futuro de la sede musical.
   Aún hoy día, el desconocimiento prevalece en los pasillos de lamas. Los representantes preguntan inseguros a los porteros cuando iniciará la mudanza, aunque estos no tienen una respuesta clara, pues ni siquiera saben cuál será su situación personal para ese momento. En otros casos, algunos estudiantes apenas se han enterado que dentro de unos pocos meses tendrán que trasladarse a la Biblioteca Nacional. Así pues, los rumores están a la orden del día y no se maneja una información clara dentro de la comunidad en general.
   “Llegar a la Lamas fue un paso gigante. Ya yo estudiaba música anteriormente, pero en esta escuela el nivel es diferente. Sin embargo, las condiciones de la escuela ahorita son graves. Tiene años así y no sé porqué. Nadie lo sabe”, comenta Antonio Rodríguez, estudiante del segundo año.
   “Esta mudanza puede tener muchas connotaciones, tanto positivas, como negativas. En lo personal si este cambio tiene algo que ver con mi permanencia en la escuela o no, es secundario. Para mí, es más relevante cuál será el futuro de la escuela como tal y eso no está muy claro”, expresa José Luis Presa, profesor a tiempo completo de la José Ángel Lamas durante 21 años.

Ciclistas apuestan por una ciudad más humana

Diciembre 2013

 La movida toma fuerzas 
Foto: Luiso Jipi

El ciclismo urbano no se trata de moda, ni de deporte.  Los jóvenes pujan por incluir este vehículo dentro del sistema de transporte público caraqueño. “La ciudad puede moverse en bicicleta”, afirman. 


Por: Génesis Méndez Alzolar
   En los últimos dos años en Caracas, la bicicleta se ha convertido en el símbolo de aquellos jóvenes y no tan jóvenes que apuestan por una mejor ciudad. Aquellos que quieren transformar la imagen de la urbe capitalina congestionada, en una por cuyas calles se pueda caminar, o pedalear.
   Así, acompañados de ideas como el feminismo, la comida sana, el respeto al peatón, la buena vida pública, entre otros, diversos colectivos dispersos en Caracas promueven el ciclismo urbano como un medio de transporte alternativo que puede “transformar realidades”, según afirma Manuel Valera, egresado de la Universidad Simón Bolívar (USB) y coordinador de la Biciescuela Urbana.
   “Al principio, la bicicleta era solamente una forma de divertirme, la agarraba para las rodadas en grupo y ya, pero cada vez me sumergía más en ese mundo. Al principio uno coloca muchos peros, como el tema de la inseguridad, el tránsito, etcétera, más a medida que practicas, todo se hace más fluido. Es entonces cuando pierdes el miedo”, relata Daneisec Mendoza, estudiante de la UCV asidua al movimiento.
   Mendoza explica que no se trata solo de montarse sobre la bicicleta, sino que  el ciclismo urbano “es un mundo bastante completo”. Desde los colectivos se aboga por respetar las señales del tránsito, estar conscientes de los vecinos en la vía, ya sean carros o motos, y asumir una actitud diferente afuera en la urbe. La idea es demostrar que sí se puede tener un tránsito agradable y respetuoso, para que la gente se motive y vea a la bicicleta más como un medio de transporte, no solo como una forma de divertirse.
   “Te llevan a un estilo de vida que es totalmente distinto al que estamos acostumbrados, uno que está más cerca de la felicidad. Ellos hablan de un mundo alterno que se va a esa parte humana de la ciudad”, relata Daneisec.
   Por su parte, Manuel Valera, de la Biciescuela, explica que el movimiento del ciclismo urbano ha visto un camino largo, aunque no tanto como esperaban. La recepción ha sido excelente, afirma. Muchas personas han tomado la bicicleta por sí mismas y el movimiento ha tomado diversas identidades.
   ”Ya no es la idea de un solo colectivo. Más bien, unas iniciativas dan pie a otras. Cada quien pone su granito de arena. Cada quien le imprime su esencia a la bicicleta”, señala Valera.
   De esta manera, en la capital se han articulado diversos colectivos de ciclistas. Algunos, como Bicimamis, se agrupan por género; otros, como Bicicaricuao, por zona, y unos cuantos por partido político, como el Movimiento Revolucionario de Ciclismo Urbano (MRCU).
   A propósito de este último, Valera explica que los colectivos como tal tratan de ser lo más objetivos posible y de no partidizar. “Aunque hacemos política, el reto es no caer en la propaganda”, asegura, en tanto una de las metas principales es la de hacer frente a “la maquinaria monstruosa del carrocentrismo”.

 

La movida

   A pesar de que la lista de colectivos cada vez parece extenderse más, sus  miembros aún están conscientes de que “están en el mismo son”, indica  Valera.  Con ello en cuenta, el pasado 21 de septiembre, un grupo organizador integrado por representantes de Cicloguerrilla urbana,  Bicimamis, Biciaventuras, MRCU, Ciclo Unión, Al trabajo en bici, Cicloturismo  Venezuela y Tribu Pedal Caracas, dio pie a lo que fue el Primer Encuentro  Nacional de Ciclismo (ENCU 2013), una muestra de la consistencia del  movimiento en Caracas.
   Dicho evento se prolongó por una semana y constó de cine-foros, conversatorios, exposiciones fotográficas, conferencias, propuestas para las autoridades competentes y una rodada masiva que registró una participación de más de 500 ciclistas, nunca antes vista en la capital.
   Sin embargo, lo anterior solo fue la cúspide de un iceberg, pues durante todo el año las agrupaciones de ciclistas urbanos se las ingenian para promover sus propuestas a través de la ciudad. Encuentros semanales, clases de ciclismo, una activa presencia en las redes sociales, e incluso una rodada ciclo nudista son solo algunos de los medios que emplean estos  jóvenes.
María Campos, una de las coordinadoras de Bicimamis, explica que este año ha sido contundente en la movida que inició en el 2011. "Tras  un trabajo arduo, los resultados comienzan a surgir", indica. Además,  muchísimas más caras han renovado y refrescado el movimiento, agrega Valera.

Paralelo a lo anterior, el gobierno ha incorporado algunas iniciativas en   los últimos meses. Una de las que más éxito ha tenido se trata del plan Caracas Rueda Libre, el cual todos los domingos coloca bicicletas a la disposición de aquellos que deseen pasar un buen rato, en los circuitos de Los Próceres y Los Caobos. Pero, si bien esta propuesta acerca las bicicletas a todos los caraqueños, solo se mantiene en lo recreativo.
   “Estos planes promueven el servicio de la bicicleta como algo alternativo, pero todavía no son un sistema de transporte público que le permita a la gente reemplazar los viajes que generan a diario en carro y eso es lo que está faltando”, indica Yeferson Parra, urbanista y líder del proyecto Ruédala Simón,

 

Caracas sí puede

   Parra, afirma que efectivamente “Caracas puede moverse en bicicleta”, si bien advierte ante el intento de copiar experiencias extranjeras en la capital de Venezuela.
   En tal sentido, el urbanista explica que para superar el problema de la movilidad en Caracas es necesario articular un sistema de transporte público en el cual todos los medios, carros, motos y bicicletas sean incluidos dentro del mismo plan, pero que, además, deben tomarse en cuenta las particularidades de la capital como valle, en donde las condiciones geográficas, topográficas y socioeconómicas no siempre corresponden exactamente a los modelos foráneos.
   Sin embargo, insiste que “mal pudiera dejarse a un lado la bicicleta, por esa preconcepción de que Caracas no tiene las capacidades para incluirla. Eso es un cliché que hay que abandonar, porque se ha demostrado que sí es posible”.
   Parra aporta que si bien la bicicleta no es “la panacea”, una solución milagrosa para los problemas de movilidad de la ciudad, sí disminuiría de manera importante el número de viajes que se realizan en carro, así como las horas hombre malgastadas en el tráfico, la diaria generación de gases, el efecto invernadero y la congestión vehicular.
   Manuel Valera acuerda que “queda mucho por hacer, pero la bicicleta es un compromiso a largo plazo. Ya es una idea sostenible, viable, que se va a ir calando cada vez más en la psiquis, en la realidad del día a día del caraqueño. Ya agarramos bastante terreno y ahora tenemos que sacarle la chicha”.
Al preguntarle cuál es su motivación el joven egresado de la USB responde con una sonrisa: “cambiar el mundo”.
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¿Qué es para ti la bicicleta?

Manuel Valera (Biciescuela urbana): “La bicicleta para mí es como haber descubierto el Santo Grial. Es como una fuerza natural desatada. Es como un encantamiento público. Es como tomar la energía de la Pachamana, para usarla tú. Hay muchas cosas que son emocionales e inexplicables en palabras. Yo creo que lo mejor es montarse y descubrirlo”.
Daneisec Mendoza:”Es algo que te aporta muchísima felicidad, pero  no solo la veo  como algo que me divierte, como suele pensar la gente,  sino también como mi medio de transporte”.
Maria Campos (Bicimamis): “Es fuerza. Es cambio. La experiencia de manejar bicicleta para  una mujer es complicada. Tiene muchas aristas. Tienes que enfrentarte a una cantidad de prejuicios que tiene la sociedad y además tienes que reencontrarte con cosas que tu no sabías que estaban ahí. Pero la bicicleta en Caracas me ha permitido ver otro lado de la ciudad más amable. Hay gente que no conocía, calles que me eran ajenas, árboles que huelen rico. Ha sido una experiencia buena, pero retadora”.
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