domingo, 31 de agosto de 2014

30 libros - Del 20 al 30

Día 20: Uno ideal para leer en metro, autobús, avión…
Se me ocurre cambiar la categoría. Uno ideal para leer solo en tu casa, sin que nadie te vea: Aviones de papel. Un par de cuentos ahi son como para lanzarse al Guaire. No apto para leer en sitios públicos. Habla la voz de la experiencia.
 
Día 21: Uno que te hizo odiarte a ti mismo.
Fiesta de campo. No sé que pasa con el asunto de la fiesta en esa casa que me hizo lanzar el libro lejos, lejos, lejos.

Día 22: Uno para recuperarse de un mal de amores:
Blue Label, otro más de Sanchéz Rugeles. Te enamoras de Luis Tevez y te olvidas de quien sea por quien pagaras despecho. Cuando terminas el libro, entras en estado de depresión por ese personaje No fue una semana fácil después de leerlo.
 
Día 23: Uno cuyo título te haya maravillado
Cien años de soledad ¿Qué más hay que decir de Gabo?
 
Día 24: Uno que compraste/pediste por sus ilustraciones.
Todos los que haya leído antes de entrar a la universidad. Solía comprar por portadas. Uno en específico, hace mucho tiempo: El mundo encantada de Ela. Es uno infantil. Si tuviera mucho dinero, me compraría todos los de Ekaré y los que hayan pasado por la mano de Benjamin Lacombe.

Dia 25: Uno para gente a la que no le guste leer.
El psicoanalista. Es fácil de leer. Tiene ese aire de misterio que debería enganchar a la gente hasta el final. Tiene un giro que puede dar de qué hablar. Un libro chévere, pues.
 
Día 26: Uno para niños que disfrutan los adultos por igual.
A través del espejo. Sobretodo si viene con los dibujitos las ilustraciones. 

Día 27: Uno erótico. No sé ¿50 shades of Grey? Este es aburrido, pero no conozco otros de este género.

Día 28: Uno que leíste a escondidas.
Los aventureros. Si lo lees a los 10 años, este es un libro heavy. Creo que nunca lo terminé.
 
Día 29: Uno cuyo protagonista sea un animal. Paso
 
Día 30: Uno que te haga sonreír.
Piedra de mar. Corcho con el teléfono amarrado en la cabeza, para lograr transcribir la conversación que tiene con José en tiempo real, siempre, siempre, será algo para sonreir. 

El jardin escuela del occidente venezolano

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En la vía del Aeropuerto Internacional La Chinita reposan 3000 especies de árboles y plantas
Por: Génesis Méndez Alzolar // Fotos: Fundación Jardín Botánico de Maracaibo
   A pocos minutos de la calurosa Maracaibo, existe un lugar en donde una  vez al año el suelo se transforma en una alfombra de hojas doradas que  anuncian la llegada de la primavera a la región. A su alrededor, árboles y  plantas de lugares tan disímiles como América, África y Asia, conviven  en perfecta armonía a lo largo de 108 hectáreas.

   Este pulmón verde se conoce como el Jardín Botánico de Maracaibo. Hasta finales del 2013, detrás de la fachada en ruinas la creciente maleza  permanecía como sinónimo del abandono. Sin embargo, tras un  Plan de Rehabilitación Integral, hoy el jardín se perfila como un espacio  de respiro y tranquilidad, ajeno al ajetreo de la ciudad.

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  A pocos días de la primavera, las hojas del araguaney y del guamacho caen de los ramas por su peso y crean una alfombra amarilla a su alrededor
 

La Fundación, primeras siembras

   Más de 40 años atrás, el 9 de enero de 1973, en la capital del estado Zulia se conforma la Fundación Jardín Botánico de Maracaibo, una organización privada sin fines de lucro que buscaba, más que crear un jardín, promover un espacio digno para el aprendizaje y la ecología.

   A ese proyecto se sumaron dos grandes personajes. Por un lado estaba Leandro Aristeguieta, destacado investigador, miembro de la primera promoción de Biólogos de la Universidad Central de Venezuela (UCV). 
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Los diseñadores, Marx y Aristeguieta
  
   Por el otro se hallaba un paisajista brasilero  de consagrada trayectoria, Roberto  Burle Marx, conocido en decenas de países por  innumerables jardines que de un  momento a otro habían contribuido con la  humanización de los espacios públicos.

  Junto con la Fundación, estos dos  personajes se abocaron a diseñar el jardín  botánico en unos terrenos donados por Shell  de Venezuela y Maraven (empresas petroleras  del país), al suroeste de la ciudad  de Maracaibo. Finalmente, en 1983, se abren  las puertas a lo que más tarde se convertiría  en uno de los patrimonios naturales más grandes del occidente del país.

   Ya para ese momento el Jardín Botánico de Maracaibo se perfilaba como un proyecto ambicioso, pues además albergar una importante reserva de especies vegetales, dentro de su recinto se articuló la primera Escuela de Horticultura de Latinoamérica 

 

Años mustios


   Por mucho tiempo, el jardín brilló en el occidente de Venezuela. Sin embargo, los años pasaron y llegó el deterioro. A principios de los 90, el lugar sufrió actos vandálicos. En 1996, las puertas cerraron a la ciudad y al público general. De allí en adelante, solo los investigadores, los estudiantes universitarios, algunos grupos ambientalistas y los scouts se aventuraron a visitar, estudiar y mantener el terreno.

   Con pocos recursos a la mano, la Fundación, por su parte, realizó algunos intentos por preservar la función ecológica y educativa del jardín con programas como Árboles Por la Vida. Aún así, es en el 2009 cuando se dispone lo necesario para que el lugar recupere el esplendor de otros tiempos. Un par de años después, con la adhesión de las arquitectas Carla Urbina y María Villalobos, se estructura el Plan de Rehabilitación Integral del Jardín Botánico de Maracaibo.

   Este plan se enfoca en la recuperación botánica y artística del lugar, para lo cual las arquitectas debieron aventurarse en un viaje a Brasil en busca de los planos originales. Otros aspectos de la rehabilitación incluyen la propagación del jardín a la ciudad y un sistema de gestión que permita financiar el proyecto, ante la ausencia de un fondo único.

   Finalmente, a pesar de los contratiempos, en el 2012 se pone en marcha la primera fase del Plan de Rehabilitación Integral. Poco a poco se suman voluntarios animados por la idea de recuperar este pulmón verde del occidente. Muchos incluso deciden realizan donaciones y junto a ellos, instituciones privadas y públicas también prestan su apoyo.

   Como resultado, el 10 de noviembre del 2013, se abren las puertas nuevamente a 20 hectáreas recuperadas del jardín.


Reverdecer

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La Laguna de los Lotos, una de las áreas recuperadas en la primera fase
   Al día de hoy, el Plan de Rehabilitación Integral ha conseguido  diversos reconocimientos como el Premio de Conservación  Ambiental CLEZ 2012 y el Premio Bienal de Arquitectura de  Maracaibo, 2013. En el jardín, luego de muchos años, la  Floración de Oro se lució nuevamente para el público en el  mes de marzo de este año.

   Asimismo, desde su inauguración, los espacios del Jardín  Botánico de Maracaibo se han llenado con el eco del teatro y  la danza, de los talleres de yoga y de técnicas botánicas. Al  encuentro con las 3000 especies del lugar, han asistido  decenas de niños y demás personas interesadas en encontrar  un espacio alternativo de tranquilidad.

   Con el paso de los meses, los voluntarios llenan las listas de la  Fundación. Así, entre todos han logrado reactivar un  jardín que en su haber cuenta con beneficios ecológicos,  educativos e, incluso, turísticos para la región.